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El humo de segunda mano

El humo de segunda mano

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El humo de segunda mano es aquel que exhala un fumador y permanece de forma residual en el ambiente después de haber fumado. Este humo de tabaco ambiental está compuesto por 4.000 sustancias químicas, aproximadamente. La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS ha identificado 69 agentes que producen cáncer; entre otros, incluyen alquitranes, arsénico, cadmio, cloruro de vinilo, formaldehido, amoniaco, acetona, etc.

Factores nocivos para la salud

El humo de segunda mano es un riesgo para la salud de todas las personas. Al principio, puede provocar dolores de cabeza, irritación ocular, problemas de garganta con tos, estornudos o dificultad respiratoria.

Sin embargo, si el fumador pasivo está expuesto de manera continua a los efectos del humo ambiental, puede incrementar el riesgo de sufrir cáncer de pulmón, padecer asma, reducción de la función pulmonar, infecciones respiratorias, manchas en el pulmón, enfermedad coronaria, o accidente cerebrovascular.

La combustión del tabaco es diferente si se inhala o si se consume en el ambiente. Las partículas que contiene el humo son de menor tamaño, pueden flotar por el aire y alcanzar lugares más recónditos del sistema pulmonar. Por ejemplo, el cadmio es muy nocivo pudiendo favorecer el cáncer de pulmón. Tiene una concentración seis veces superior en el humo de segunda mano, aquel que es inhalado por los fumadores involuntarios.

El humo de segunda mano y colectivos de mayor riesgo

Los niños son un colectivo vulnerable debido a que sus pulmones no están desarrollados completamente. El humo de segunda mano puede incrementar el riesgo de padecer enfermedades respiratorias y convertirlas en crónicas. Aunque los fumadores intenten fumar en lugares abiertos, las sustancias dañinas del tabaco permanecen en el aire.

Los hijos de padres fumadores suelen sufrir sibilancias, dificultad respiratoria, toses, mayor número de resfriados, asma, bronquitis y neumonía. Igualmente, les puede afectar a los oídos, a los ojos y a la boca.

Las embarazadas también son un colectivo de riesgo. El feto, todavía en desarrollo, es especialmente sensible a cualquier sustancia tóxica a la que esté expuesta la madre. Las consecuencias de una exposición continua o de que la madre fume pueden ser graves: aborto espontáneo, nacimientos prematuros, bajo peso al nacer; o bien problemas posteriores de desarrollo.

Los ancianos y personas con problemas respiratorios tienen sus funciones pulmonares reducidas. Convivir o exponerse a ambientes contaminados puede aumentar las probabilidades de padecer o agravar enfermedades pulmonares como asma, bronquitis, neumonía, o bien cáncer de pulmón.

Es aconsejable permanecer en un ambiente libre de humo de segunda mano. No solo para aquellos colectivos más sensibles, sino también para que podamos evitar padecer cáncer u otras enfermedades asociadas al tabaco.

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